viernes, 29 de mayo de 2015

Aquello que me gusta


Me gusta escucharte
incluso cuando no hablas,
quedarme atrapada
junto a la brisa 
de tu mirada
y los besos de tus palabras.


28 mayo 2015

Fotografía: wikipedia


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Poemario: Se avecinan noches de tormenta


miércoles, 27 de mayo de 2015

Se oye el silencio



Se oye el silencio
mientras mi alma
escribe emociones.

Cuando se oye el silencio,
las palabras se vuelven sentimientos.


5 septiembre 2014

Fotografía wikipedia

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Poemario: Se avecinan noches de tormenta


lunes, 25 de mayo de 2015

Cristales cortantes



Como cristales cortantes
borre tu nombre,
lo borre de lo más hondo 
de mi alma.

Como corcho flotante rugió,
saliendo a la superficie
de mi roto corazón.

25 agosto 2014

Fotografía: wikipedia


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Poemario: Se avecinan noches de tormenta


viernes, 22 de mayo de 2015

Tormenta de verano


Llegaste,
como tormenta de verano
arrasando el calor del día,
refrescando la eterna noche.

Llegaste,
como tormenta de verano
respirando aire fresco,
con olor a tierra.

Llegaste como luz de primavera,
directa al corazón.


1 agosto 2014

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Poemario: Se avecinan noches de tormenta


miércoles, 20 de mayo de 2015

He dormido lejos


He dormido 
lejos de tu piel,
de tu aliento,
de tus besos.

He dormido lejos
y el invierno me ha tragado,
dejándome sola
con tus recuerdos.


11 mayo 2015

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Poemario: Se avecinan noches de tormenta


lunes, 18 de mayo de 2015

Ámame despacio



Ámame despacio
sin despertar al día,
que la noche nos recuerde
todo lo que me decías.

Ámame despacio
borrando el amanecer,
que la noche se haga eterna
y nos encierre con ella.

7 julio 2014

Fotografía: wikipedia

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Poemario: Se avecinan noches de tormenta


sábado, 16 de mayo de 2015

Bésame


Bésame
hasta que desaparezca 
el mañana
y nuestros cuerpos 
fundan en uno.

Bésame

y tatúame tu nombre 
en mis labios.


26 septiembre 2014


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Poemario: Se avecinan noches de tormenta



jueves, 14 de mayo de 2015

Te sigo buscando



Te busco
calle por calle
mirando en otros ojos,
buscando en otras bocas,
respirando tu ausencia.

Te he buscado
y estoy condenada a vagar 
por todas nuestras calles,
a buscar sin encontrarte.

2 de mayo 2015

Fotografía: wikipedia  


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Poemario: Se avecinan noches de tormenta


martes, 12 de mayo de 2015

Imaginar soledades


soledades para Cosas que siento

He soñado inviernos
en la cara oculta
del verano.

He pegado tus besos
junto al amanecer
de mis sueños.

He imaginado 
soledades ocultas 
en el revés de la luna.

Solo tú entiendes
lo que yo siento.


27 abril 2015

Fotografía: wikipedia



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Poemario: Se avecinan noches de tormenta


lunes, 11 de mayo de 2015


El filo de tu lengua
quema mis palabras,
las sumerge
en el olvido que tú guardas.


27 abril 2015

Fotografía: wikipedia


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Poemario: Se avecinan noches de tormenta


viernes, 8 de mayo de 2015

Ella ha vuelto a estudiar



Cuando entré al instituto, no sabía que iba a tener que abandonarlo tiempo después. Entré a trabajar sin tener conciencia clara de hasta qué punto aquel dinero era importante en casa.

Cuando un día mi padre empezó a insultarnos a mi madre y a mí, no sabía que aquello iba a ser el principio del fin de su matrimonio..., y de nuestro hogar familiar. Nos aguantamos, y yo empecé a salir con un chico que trabajaba en un bar cerca de mi trabajo sin adivinar que yo misma viviría años después una historia similar a la de mi madre.


Cuando mi hermano pequeño, mi madre y yo tuvimos que abandonar nuestra casa de toda la vida, no supe ver que aquel nuevo piso no reunía condiciones para vivir con dignidad; pero aguantamos una vez más. Comencé a trabajar en una fábrica; pero desconocía mis derechos y no supe, hasta años después, que aquel sueldo era una miseria.


Cuando más tarde me casé, no sabía que aquel chico se iría a convertir en ese hombre que me abandonó y al que dejé de querer años después. Tuvimos una hija, a la que intenté educar lo mejor que pude, y conseguí traerme a madre a casa. Ahora él vive en otra ciudad, mi hija vive en otro país, muy lejos de aquí, y mi madre vive en otro mundo. Su cabeza también se mudó, aunque el resto de su ser sigue a mi lado.


Cuando me despidieron de aquella fábrica, no supe cuánto iba a tener que luchar después para conseguir una mísera pensión. Luego, me enteré de que los primeros años no habían cotizado por mí; y en los últimos, estos primeros de la crisis, sufrimos la angustia del cierre y del despido de casi toda plantilla, tras meses de opresión y de huelgas frustradas. A mi edad solo me tocó aguantar una vez más.


Cuando repaso mi vida recuerdo todos estos momentos amargos; pero también otros muchos felices, sobre todo, me acuerdo de aquel profesor que el primer año de instituto me regaló un libro, este libro que tengo aquí a mi lado y todavía conservo. Lo he leído muchas veces, y he leído otros muchos desde entonces. Mis libros, mi refugio.


Cuando entré, hace unos meses, en el centro de educación de personas adultas de mi barrio, no sabía nada de Biología,  de Geografía, de Historia... No sabía ni dividir, ni siquiera recordaba qué eran el sujeto y el predicado. Pero sí recordaba los libros. No sabía qué era la Filosofía, ni la Mitología ni la Semántica..., pero recordaba los cuentos que aquel profesor nos leía en clase.


Ahora mismo sé, mejor que nunca, que no sé nada; pero que mi vida sigue teniendo sentido, más que nunca, y no tengo por qué seguir aguantando, sino luchando..., y soñando. 




Relato: Luis Cuesta
Fotografía: wikipedia
Blog: Comunicación en la ESPA


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Poemario: Se avecinan noches de tormenta


martes, 5 de mayo de 2015

La vida es muy larga


la vida es muy larga...
para quien...
como yo...
vive esperando...
que algo bueno suceda...
(y algo bueno sería que estuvieras aquí... )


muy corta..
para quien...

como yo
atesora segundos compartidos ...
momentos fugaces...
pequeños espacios de tiempo......

tan breve como una canción...
tan efímera como una estrella que cae...


la vida...
será difícil...
si elijo esperarte...
y si no te espero...
será inconcebible..

yo quisiera...
que estuvieras aquí...
rompiéndome los tímpanos por tus

carcajadas...
pero solo eres...
una poesía de ausencias.


yo quisiera

que estuvieras aquí..
con tu abrazo y tu mirada...


pero solo eres..
un par de palabras que te nombran...

un ventanal abierto...
un acantilado imaginario...
un faro que no alumbra...

un puerto sin barcos...
un poema dedicado..
un camino solitario...
un fuego que apenas arde...


eso eres....



Poesía: Agueda Dabor - Luna Sin Vos
Blog: para escribir...
Fotografía: wikipedia



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Poemario: Se avecinan noches de tormenta


lunes, 4 de mayo de 2015

Dobles alas



Han anidado
tus sueños
en el fondo de mi alma
y al llegar el invierno
volaron pájaros con dobles alas.


27 abril 2015

Fotografía: wikipedia


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Poemario: Se avecinan noches de tormenta


viernes, 1 de mayo de 2015

El latido de mi corazón



Su imagen me aturdía, me hacía temblar, me estremecía cada vez que la veía llegar a mí tan hermosa. Sus labios perfectamente dibujados y pintados con carmín rojo, sus rasgados y verdes ojos acentuados por la máscara de pestañas, su tez fina como la porcelana, sus prominentes y sonrosados pómulos, su pelo castaño y ondulado rozándole los hombros. En verdad era toda una deidad de mujer.

  Sentado, desde mi sillón, inhalaba el aroma que desprendía a juventud, pureza y dignidad. Y ese olor hacía que mi corazón bombease bruscamente, latiese con vigor. Entonces era consciente de que vivía conmigo, de que aquel órgano imprescindible para vivir seguía ocupando su caja torácica a pesar de que yo llevase años poniéndolo en duda.

  Entendía que ella era una mujer inalcanzable, una mujer con la que solo podría soñar, una mujer que jamás perdería un segundo en fijar su vista en mí como hombre dispuesto a satisfacerla; pero me era inevitable fantasear con ella, crear un mundo en el que ella se sintiese atraída por mí, un hombre maduro que buenamente podría ser su padre e incluso su abuelo. Un hombre que peinaba canas desde hacía años, con marcadas arrugas en su semblante y con una virilidad reposada, no tan enérgica como su cuerpo, debido a su joven edad, demandaría. 

  No obstante, en mis sueños no existían todas esas barreras que en la realidad acotaban nuestra posible relación, que suponían una frontera a la que no me estaba permitido cruzar debido a que mi pasaporte había expirado hacía tiempo, seguramente cuando ella tomó su primera comunión. 
  Debía ser realista, le doblaba la edad con creces, lo nuestro era imposible, inviable de todas las formas y maneras, no tenía ni el derecho a permitirme soñar con ella. Ella vestía con veintiocho hermosas primaveras, yo me ataviaba de sesenta y dos fríos inviernos. Ella presidía delante de mi mundo como una persona dulce, afable, entusiasta, soñadora e inocente. Yo encabeza una comitiva en busca de su admiración siendo un viejo cascarrabias curtido en todo, con un físico poco agraciado, con matiz de amargura y aire pesimista debido a los duros varapalos que había soportado a lo largo de mi vida. Tantos, que desde hacía años mi única y leal compañera era la soledad. La vida me había mostrado su peor cara respecto a asuntos sentimentales, apartándome de mi familia, mujer y dos hijos, que habían pasado a ocupar un mejor lugar que el terrenal. No tenía nada en mi vida, únicamente poder, el poder que daba el dinero, el poder que otorgaba ser una persona importante, por lo demás estaba vacío. 

  Por mi alto status social estaba acostumbrado a obtener todo cuanto me apetecía y deseaba, incluidas mujeres, todas las que quisiera. Pero ella no era como las demás, ella no se deslumbraba con los lujos ni con un nombre o apellido capaz de abrir cualquier puerta con el mero hecho de pronunciarlo. No. Ella era una mujer con dignidad, joven pero con principios, de las que únicamente entregaban su corazón por amor, no por una abultada chequera o por una visa oro, de las que no se dejaban conquistar por quién eras, sino por lo que resultabas ser para ella. Mi poder me permitía alcanzar todo lo que quería, todo excepto a ella.

  Quizás por esa integridad tan pasmosa, tan difícil de encontrar hoy en día, tan impensable en el mundo que me rodeaba, estaba enamorado de ella. Quizás por eso la tenía aquí, a mi lado sin ser necesario ni comprensible para nadie, para poder verla y suspirar en silencio, a su lado mientras me impregnaba de su fragancia con ese dulce olor a amor propio incorruptible. Porque quizás el único momento en que me sentía vivo y feliz era cuando llegaba la hora de que ella se sentase en mi despacho, frente a mí, para redactarle una carta. Una cara ficticia que nunca llegaría al destinatario que ella creía, pues todas las direcciones de correo que obraban en su poder llevaban al mismo lugar: mi ordenador.

  Y cuando lo hacían, cuando sus cartas entraban en mi correo, saboreaba cada palabra que estaba escrita porque ellas me llevaban a asociarla con un recuerdo de ese momento. Me trasportaban al conciso instante en que ella estaba escribiéndola, deslizando su mano por la hoja de papel, sus verdes ojos mirándome, sus labios provocándome sin tan siquiera proponérselo al humedecerlos de vez en cuando con su lengua, su fino y estilizado cuello gritándome que perdiera mi boca por él, sus largos y delicados dedos a los que mis manos deseaban acariciar y dirigir, sus magníficas piernas tan estilizadas, preciosas y perfectas, cruzadas en una postura que indicaba claramente prohibición, y su hermosa cara llena de expectación esperando escuchar mis palabras para volver a deslizar su mano por el papel. Me recreaba en el recuerdo de su presencia, me alimentaba de él, vivía de los réditos que sus letras me dejaban hasta el siguiente día en que volvía a tenerla sentada en mi despacho. 

  Y al amanecer, al llegar el nuevo día, volvía a levantarme pensando en ella, pensando que cerca de mediodía entraría como cada mañana desde hacía casi un año a mi despacho y se sentaría frente a mí. Era la única ilusión que llenaba mi vida, la que verdaderamente me hacía levantar cada mañana. 


  Y al fin llegaba el momento. Y entraba. Y nos mirábamos. Y me saludaba marcando una leve sonrisa a la vez que sus ojos también hablaban. Y se sentaba. Y se la dictaba. Y ella escribía. Y yo comprobaba que continuaba teniendo corazón, le sentía, notaba su palpitar en mi pecho, era en el único momento capaz de percibirlo. Bombeaba a doble velocidad y en otros momentos a tiempo acompasado, pero palpitaba, no dejaba de hacerlo. Y palpitaba por ella. Solamente por ella. Ella y su candidez se habían convertido en el oxígeno necesario para mis células. Ella, con su moral de recto orgullo y su endiablada belleza, sin lugar a dudas, se había convertido en el pulso de mi vida, en el latido de mi corazón.


Abril 2015


Relato inédito: Eva Zamora
Fotografía: wikipedia
Novela: La esencia de mi vida


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